EL UNIVERSAL/VOX POPULI TAM

– El comandante argentino-cubano fue asesinado en La Higuera. El poblado boliviano está hoy lleno de imágenes de “Ernestito”

Ulises Castellanos

VALLEGRANDE, Bolivia, octubre 14

Cuando el Che tenía que escoger entre cargar una caja de balas o de medicinas, no lo dudaba, dejaba las medicinas y seguía por la sierra con las balas. Su vocación de guerrillero era casi suicida, superaba la de sus estudios de medicina o su perfil político. Esa tenacidad lo hizo dejar el escritorio del Ministerio de Industria en Cuba para viajar a Bolivia y abrir un nuevo frente revolucionario, a pesar de haber fracasado ya en el Congo.

Quizá el recuerdo de su triunfo en Cuba era lo que alimentaba su confianza en esa aventura boliviana que terminó en la Quebrada del Churo, donde fue capturado el 8 de octubre de 1967; al día siguiente fue ejecutado en el poblado de La Higuera.

A 50 años de aquellos hechos, el recuerdo de Ernesto Guevara permanece en la sierra y en sus habitantes y es posible documentar de primera mano los últimos momentos del Che en estas tierras.

Nuestra llegada a Bolivia se da en la ciudad de Santa Cruz, la capital de estado del mismo nombre. Casi seis horas en auto separan a Santa Cruz del municipio de Vallegrande. Son menos de 400 kilómetros pero la carretera es de sólo dos carriles y está en muy mal estado.

En Vallegrande hace frío, el viento cala los huesos. Está a unos 2 mil 30 metros sobre el nivel del mar. Aquí lo primero es ir al Hospital del Señor de Malta para visitar la lavandería, el lugar donde fue colocado el cadáver del Che el 10 de octubre de1967. El sitio es escalofriante.

En esta localidad vive Susana Osinaga Robles, la enfermera del hospital a la que le ordenaron lavar el cuerpo. Ahora tiene más de 75 años y atiende una tiendita de abarrotes en el centro de la ciudad. Dice no haber sentido nada en especial cuando cumplió con su tarea, no tenía idea de quién era el hombre, pero recuerda su mirada y la herida del corazón. Hoy que ya sabe quién era él se sorprende de lo “importante” que era.

En Vallegrande la población dice sentir respeto por este personaje pero también hay un aire incómodo por la manera como se dieron los hechos. Los taxis tienen calcomanías del Che, hay tienditas de ropa que venden playeras con su imagen, al igual que tazas y gorras. En estos días el lugar está lleno de argentinos, cubanos, franceses e italianos que no alcanzan habitación en los hoteles. Son dos o tres mil visitantes en la semana previa al 9 de octubre.

asta aquí llegarán el presidente de Bolivia, Evo Morales, y los cuatro hijos del Che, entre otros personajes, para rendir homenaje a su memoria.

La Higuera

Para llegar a La Higuera hay que recorrer 70 kilómetros de terracería que suben hasta los 2 mil 900 metros y luego bajan a unos mil 600 metros. A esa altura está el poblado donde el comandante Guevara pasó sus últimas horas. Montañas con vegetación mínima es el paisaje de los alrededores.

¿Se equivocó el Che al venir aquí? A la distancia, la respuesta puede parecer obvia; nunca reclutó a un solo campesino boliviano, jamás consolidó un apoyo urbano y menos el político, lo dejaron solo, se quedó sin medicina para el asma, pero no se rindió. Su diario relata con dignidad la crónica de su debacle. La última página la firma el 7 de octubre. No contó con el silencio y la complicidad de los campesinos en Bolivia. La mayoría ni lo conocía y desconfiaban de él y su grupo. Hoy en La Higuera hay 20 familias, no más de 50 habitantes con una docena de niños y tres perros, una tiendita y un hostal administrado por franceses.

Tres bustos del Che dan la bienvenida. Hay una pequeña réplica de la escuelita donde lo asesinaron, ambientada con unos bancos y cientos de mensajes de todo el mundo para el guerrillero. Este pueblito vive de la historia de Guevara y se puede recorrer en 30 minutos, no hay nada más. Hace apenas uno días terminaron de ponerles electricidad y de aplanar la terracería para recibir a los cientos de visitantes que llegarán a recordar al hombre que les ha dado fama.

Irma Rosado tenía 21 cuando vio al Che, el día que lo subieron al pueblo y lo encerraron en la “escuelita”. Le llevó de comer una sopa con agua que tenían. No sabía quién era ese hombre y lo recuerda con miedo: “Nunca habíamos visto un hombre así de barbudo por aquí”. Dice haber escuchado unos disparos y que vio cuando lo subieron, muerto, a un helicóptero.

La mayoría de la gente en esta ciudad muestra respeto por la historia del Che, aceptan que quizá era un “buen hombre” que “luchaba por los pobres” y que aquí terminó su vida, así en abstracto, sin culpas.

Quien lo mató fue el oficial Mario Terán Salazar, miembro del ejército boliviano a quien —según los relatos— le temblaban las manos segundos antes de dispararle con una M-2 en las piernas, para después rematarlo con un tiro en el corazón. Así murió el guerrillero y nació el mito.

El asesinato

En octubre de 1967, tras casi 11 meses de operaciones clandestinas en la sierra, el grupo que comandaba Ernesto Guevara (el Ejército de Liberación Nacional, también conocido como la guerrilla de Guerrilla de Ñancahuazú), fue capturado en la Quebrada del Churo. Lo subieron caminando durante tres horas, herido, hasta La Higuera. Al día siguiente fue ejecutado.

Entre sus objetos personales, los militares encontraron su diario con los detalles, día a día, de su operación. Aunque el original es conservado en Bolivia, para marzo de 1968 Fidel Castro ya contaba con una copia microfilmada que más tarde se publicó como libro: El diario del Che en Bolivia. En 1983 ese texto estuvo a punto de ser subastado en Londres, pero el gobierno lo recuperó y hoy lo resguarda en una bóveda del Banco Central de Bolivia.

El 21 de noviembre de 1995 un general boliviano le confió al periodista estadounidense John Lee Anderson que el Che y algunos de sus compañeros fueron enterrados en una fosa común a un costado de la pista de aterrizaje de Vallegrande. Ahora ese lugar es un jardín y un espacio cultural que incluye un memorial y un museo sobre la operación en Bolivia del Che.
En 1997 se encontró la fosa con varios cadáveres y el 11 de julio del mismo año se anunció la identificación positiva de los restos de Ernesto Guevara, que fueron llevados a Cuba a petición de su familia. Ahora descansan en Santa Clara.

En Bolivia hay quienes le rezan a Ernestito. Los sitios en los que estuvo han adquirido un aire “sagrado”. El Che está de regreso, su diario lo conocen todos, su figura y sus hazañas están en un memorial, sobran los libros, biografías y películas sobre él.

El ejército boliviano abandonó su cuartel en Vallegrande hace ya más de 20 años. El lugar es actualmente el nuevo centro cultural Che Guevara. Su leyenda crece y la gente de a pie ya sabe quién era el barbudo que rondaba sus montañas, un hombre que murió en el intento de lograr un mundo más igualitario y teóricamente mejor. El cemento frío y gris de la lavandería del señor de Malta aún estremece.
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(NOTA RELATIVA)

El fracaso de las guerrillas castristas en AL

José Meléndez, corresponsal
SAN JOSÉ, Costa Rica, octubre 14

Fidel Castro Ruz y el Movimiento 26 de Julio (M-26-7), en Cuba en 1959, y Daniel Ortega Saavedra y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en Nicaragua en 1979, son los únicos insurgentes e insurgencias latinoamericanas que llegaron al poder por la vía armada, tras una mortal guerra de guerrillas comunistas o izquierdistas contra las dictaduras derechistas —la cubana de Fulgencio Batista y la nicaragüense de Anastasio Somoza— y con una casual distancia histórica de 20 años.

Inspiradas en el triunfo de la revolución cubana el 1 de enero de 1959, al menos 52 guerrillas surgieron en América Latina y el Caribe, como la que el guerrillero cubano-argentino Ernesto Che Guevara de La Serna encabezó en 1966 y 1967 en Bolivia y en la que pereció hace 50 años, y algunas con otros nombres y que luego se fusionaron con fuerzas paralelas.

Con excepción del FSLN, fundado en 1961 y precedido por otros focos guerrilleros nicaragüenses, ninguna logró el poder al vencer en un conflicto bélico.

Castro convirtió desde 1960 a Cuba en base de la expansión guerrillera comunista hemisférica y transformó a la revolución cubana en el principal enemigo militar e ideológico de Estados Unidos en América, aunque en 1997 admitió que se cerró la opción de alcanzar el poder por la ruta militar. Sin contemplaciones y en el fragor de la Guerra Fría por el choque global comunismo versus anticomunismo entre los bloques comandados por Washington y Moscú, EU respondió con fuerza a la amenaza contagiosa de La Habana y de la entonces Unión Soviética (desintegrada en 1991), y desplegó su capacidad bélica y política, buscó aislar a Cuba, apuntaló a las dictaduras militares derechistas y a los gobiernos civiles en riesgo y desató oleadas indiscriminadas de represión e impunidad.

“Era muy difícil que las guerrillas consiguieran triunfos militares”, dijo el historiador costarricense Vladimir de la Cruz, ex profesor de Historia en las estatales universidades Nacional y de Costa Rica y ex embajador de esta nación en Venezuela. “Las guerrillas tenían escasa capacidad militar contra ejércitos institucionalizados desde la Independencia, algunos muy bien estructurados y con grandes centros de capacitación y gran desarrollo regional. Las guerrillas eran grupos pequeños que tenían que combatir contra esas fuerzas y debían crear un apoyo de las masas”, explicó, en entrevista con EL UNIVERSAL. “Casi ninguna guerrilla pudo combinar esa acción militar con acciones de masas y políticas paralelas. Fracasaron desde el punto de vista militar, como una táctica con posibilidad de gobierno que sólo fue posible en Cuba y en Nicaragua”, adujo.

En muchos países, como en Cuba y en Nicaragua, los partidos comunistas se dividieron entre rechazar o apoyar la opción militar. En coincidencia, Cuba y Nicaragua están entre los países más cuestionados en América por su controversial historial democrático.

Presidentes. Aparte de Castro y de Ortega, cuatro ex guerrilleros comunistas llegaron a ser presidentes, como la brasileña Dilma Rousseff de 2011 a 2016, el uruguayo José Mujica Cordano de 2010 a 2015, el salvadoreño Salvador Sánchez Cerén de 2014 a 2018 y el cubano Raúl Castro Ruz desde 2006. Ninguno ganó la presidencia con las armas. Rousseff, Mujica y Sánchez vencieron en elecciones presidenciales y Castro recibió el mando en 2006 por herencia de su hermano mayor, fallecido el 25 de noviembre de 2016.

El M-26-7 tampoco fue la primera guerrilla del área aunque su victoria, tras una guerra que inició en el oriente cubano en diciembre de 1956, estimuló la rebeldía continental y el surgimiento de movimientos armados de liberación nacional prochinos, maoístas, prosoviéticos, cheguevaristas y todos procastristas. El recuento se sustentó en una investigación de EL UNIVERSAL basada en documentos históricos militares y políticos y recopilaciones bibliográficas sobre las guerrillas regionales.

Vencidos. Después de 1959, la posibilidad de emular el modelo cubano pareció viable en la zona y numerosos combatientes abrazaron la lucha revolucionaria comunista. Con la exclusión de los sandinistas, todos salieron derrotados, fueron disueltos, pactaron la paz con sus rivales, mutaron a partidos políticos legales o permanecen semiclandestinos por tener deudas con la justicia, como el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), de Chile, que se alzó en armas en ese país de 1986 a 1999 contra la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Un caso similar es el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), de México, que emergió en 1994 con una guerra y que, al igual que pequeñas organizaciones guerrilleras mexicanas, como el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), surgido en 1997 como división del Ejército Popular Revolucionario (ERP), de 1996, supuestamente todavía están movilizados. En ese rango están en México las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (nacidas en el año 2000) o el Comando Jaramillista Morelense 23 de Mayo y sus aliados de la Tendencia Democrática Revolucionaria–Ejército del Pueblo (TDR-EP), aparecidos en 1996.

Uno de los principales precedentes en México es el Partido de los Pobres (PdlP), que operó en Guerrero de 1967 a 1974 al mando de Lucio Cabañas Barrientos, caído en 1974. La lista se completa con otros nombres de grupos como el Ejército Villista Revolucionario del Pueblo (EVRP), escisión de 1999 del EPR. La Liga Comunista 23 de Septiembre operó de 1973 a 1983 en 22 estados mexicanos.

Radiografía. De unas 53 organizaciones guerrilleras en América Latina y el Caribe relevantes o minúsculas surgidas desde 1956, incluido el M-26-7, la distribución por país es así: nueve de México, seis de Brasil, cinco de Argentina, cuatro de Perú, cuatro de Chile, seis de Colombia, cuatro de Guatemala, cuatro de El Salvador, dos de Bolivia, y uno de cada uno de Venezuela, Nicaragua, Honduras, República Dominicana, Puerto Rico, Cuba, Paraguay, Uruguay y Ecuador.

Numerosas organizaciones surgieron antes o después de 1960. Nombres como Montoneros de Argentina, Tupamaros de Uruguay, Macheteros de Puerto Rico, Sendero Luminoso de Perú o Alfaro Vive Carajo! de Ecuador, marcaron la violencia insurgente en los decenios de 1960, 1970 y 1980. En el listado está el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia o Guerrilla de Ñancahuazú, en la que el Che Guevara pereció hace medio siglo.

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